jueves, 10 de enero de 2013

Náufrago


PARTE TRES.


Pedro y Sofía regresaron de la escuela, tuvieron una reunión familiar, las cartas estaban en la mesa. Ellos accedieron –en realidad no tenían de otra- y al día siguiente pusieron todo en venta: autos, computadoras, muebles, todo para poder afrontar con los mayores recursos posibles la inevitable crisis que se venía. Y así, al cabo de una semana, la mayoría de las pertenecías estaban ya vendidas, entre ellas, coches de ambos hijos, por consiguiente, Pedro y Sofía ahora viajaba a la mayoría de los lugares en taxi o a veces tenían que caminar.

Raúl había recibido ya su liquidación, la familia había vendido ya algunas cosas valiosas, podrían juntas sin problemas $300,00 para sobrevivir en lo que encontraban trabajo. Se sentían salvados.

Al día siguiente, Sofía dejó su casa 20 minutos antes, pues debía llegar a hacer un trabajo a la escuela. Llegó a la Avenida y espero por un taxi, no pasó ninguno vacío y comenzó a caminar. Caminaba en medio de la oscuridad, trataba de ir lo más rápido posible pero el peso de su mochila no la dejaba.  Todo parecía ir bien hasta que llegó a un parque que debía atravesar. Sofía respiró hondo, agarró su mochila con todas su fueras y comenzó a cruzar el parque. A los poco metros empezó a sentir paso detrás de ella, pudo ver dos siluetas acercarse, trató de guardar la calma y seguir su camino. De pronto sintió una mano en su hombro,  al tratar de voltear sólo vio el puño aproximarse a su rostro. Estaba inconsciente. Los maleantes la subieron a una camioneta.  Después de unas calles, los secuestradores hicieron el usual cambio de coche a un Valiant 68, dieron vueltas de más para marear a Sofía, una hora después se detuvieron, bajaron a una Sofía aún atolondrada y junto con los secuestradores entraron a una puerta de zaguán negro enorme. Era la casa de seguridad.

La metieron a un cuarto oscuro con apenas un colchón en el piso. Pasó la primera noche y solo le dieron un pequeño pedazo de pan para cenar. La golpearon y la amordazaron, luego buscaron en sus pertenecías alguna cartera para sacar todo el dinero posible, una vez recabado el dinero, pasaron al siguiente paso: El Rescate.

Todo estaba meticulosamente preparado, los secuestradores observaron durante semanas a la familia de Raúl para saber sus rutinas diarias, también sabían el puesto que Raúl tenía. Marcaron el número.

— ¿¡Sofía?! — Contestó una exaltada madre.

— Su Sofía está secuestrada, si quiere volver a verla, necesito $3,000,000 a más tardar el Miércoles— El secuestrador colgó.

Atónita, Aranza quedó en shock, su hijo podía ver su angustia, se acercó y la única respuesta que consiguió de su madre fue un espantoso y quebrantador llanto.

Raúl llegó casi a medianoche, había sido otro largo día sin encontrar trabajo. Aranza trató de ser breve, ambos se sentaron en la sala y ella soltó la noticia.   

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