lunes, 29 de julio de 2013

Irreversible.

PARTE CINCO.
 
Han pasado dos semanas desde la última vez que salí a la calle, vivo enclaustrado tratando de aprenderme a la perfección los documentos que me trajo Saúl. Nicole ha llamado diario, a veces pienso que debí contestarle desde la primera vez que llamó, pues ahora ya debe de tener más que ensayada su estúpida excusa.  ¿En serio tiene excusa para lo que me hizo? Creo que no, jamás lo sabré, se ha ido de mi vida y no tengo intenciones de que vuelva. Sólo salgo al baño y para buscar comida en la alacena, no he entrado en contacto con nadie del exterior, me da miedo salir y ver que el mudo no se detiene por nadie, mucho menos por mi. Ya van a dar las ocho y Saúl no llega, es miércoles y antier alegó que tenía muchísimo trabajo, algo debe andar mal. Ya tengo varios cosas de documentos grabadas, esto va a salir a la perfección, el único problema sería crear la credencial que me acredita como trabajador de la empresa.
Saúl entra al departamento a eso de las diez, yo estoy en mi cuarto y él toca la puerta, definitivamente algo anda mal.
—Hola, flaco, ya llegué—asoma la cabeza por la puerta.
—Qué bueno, ¿Cómo te fue? Pásate.
—Pues en lo que cabe, bien, pero pasó algo muy feo hace rato.
—¿Quién se murió o qué?—replico.
—He habló Villar, lo corrieron de la chamba. Hubo recorte de personal.—Un silenció inundó la habitación, no supe ni qué contestar, sólo me le quedé viendo fijamente a los ojos e hice lo mejor que sé hacer; Fingir.
—No inventes, qué poca madre ni modo por él, se veía contento.
—¿Y tu papá qué pedo?
—Ay, papá, ya habrá otra forma de contactarlo, no hay bronca.
—¿Pero todo bien, hermano?
—Sí, hombre, no te preocupes. — Saúl cerró la puerta y se fue a dormir, sigo en silencio, atónito. Todo se fue para abajo, ya no tengo nada, mi mamá no me quiere volver a ver, y mi papá real ni siquiera sabe que existo. Suena el teléfono, es Nicole llamándome por enésima vez en la día, estoy hecho trizas y después de todo lo que me ha pasado no me vendría mal oír todo lo que ella tiene que decir para que de una de vez por todas me quede completamente solo.
Le contesto y antes de que yo pueda contestar ella me implora que por nada del mundo le vaya a colgar. Contesto con un aguado “ajá” y la dejo hablar.
—Ricardo, sé que hice mal. No sé en qué estaba pensando, te amo, de verdad lo hago, sé que esto va a sonar muy vulgar, pero hay algo bueno en todo esto—no puedo evitar soltar una pequeña risa burlona—ya sé que piensas que soy una puta. Y quizás tengas razón, pero sólo quiero que sepas que el güey con el que me encontraste es el hijo de tu papá…tu medio hermano y que lo vi hoy para que te agendara una cita con su papá, tu papá y a regañadientes accedió. El señor Martínez te espera en su oficina en dos días. —Ella se quedó callada, esperando un agradecimiento mío, pero éste no llegó. Pedí la dirección de la oficina y colgué.  «En la vida quiero volver a saber de este vieja» Pensé.

Esa noche no dormí. No sé por qué, estaba agotadísimo, quizás fue el dolor de cabeza que venía arrastrando desde hacía dos días o sólo era el terror que me causaba conocer a mi verdadero padre. ¿Qué pensará al verme? El solo pensar en su reacción al saber que quería verlo me hacía temblar. Ya sólo era cuestión de esperar. 

viernes, 26 de julio de 2013

Irreversible.

                      PARTE CUATRO.

Una semana después y aquí sigo, el papá de Nicole parece no encontrar nada sobre mi papá, estoy seguro que ni siquiera le comentó sobre mi. 
Saúl entra al departamento con un folder lleno de hojas. 
—¿Qué traes ahí, güey?—Le pregunto. 
—No mames, en vez de preguntar deberías venir a ayudarme.—Al acercarme descubro que no sólo trae un folder, sino todo un portafolio repleto de información.
—¡Uy, ahora sí te cargaron la mano! 
—Ja, ni que estuviera jodido para tener tanto trabajo. Todo ésto te conviene a ti, cabron. Ven, siéntate, te voy a explicar.—Una vez en la mesa, Saúl dio un respiro profundo y comenzó.—¿Te acuerdas de Villar? El güey panzón de la universidad. 
—Sí, creo que sí. ¿Por? 
—Pues consiguió un trabajo mamonsísimo y entre tequilas me dijo que el nombre de su jefe y casualmente es el mismo nombre del güey que me comentaste, el que dices que es tu papá. 
—¡NO MAMES! 
—No, espérate, traigo todo esto porque su jefe, o sea tu papá, es dueño de una empresa de seguros súper importante, aquí te traigo todo para que puedas entrar a la empresa y hablar con él. 
—No me jodas, es un chingo. 
—¡Obvio, rey! No es como entrar a pedir dulces. Aquí te lo dejo, estúdialo, me dijo Villar que él te esperaba. 
—No sé cómo agradecerte todo ésto. 
—Agradeceme cuando veas a tu papá. Ahora ponte a estudiar.
                             •••
Nicole se sienta en la orilla de la cama, confundida. 
—Esto no está bien.—Dijo al aire.
—¿Otra vez con lo mismo? Creí que ya habíamos hablado.—Él la toma de los hombros—Estás muy tensa, ¿Ocurre algo? 
—Es que Ricardo lleva casi dos semanas buscando a un hombre, dice que es su padre. 
—¿Quién es Ricardo, tu novio?
—Sí. 
—¿Y por qué no lo ayudas? Tu papá trabaja en el INE. 
—Sí me comentó, pero decidí no ayudarlo.—la expresión facial de Nicole comenzó a cambiar considerablemente. 
—¿Por qué? 
—¡PORQUE ESTÁ BUSCANDO A UN TIPO CON TU NOMBRE!
—¿De qué hablas? 
—¡LO QUE ESCUCHAS, ME PIDIÓ QUE BUSCARA A UN TAL ENRIQUE MARTÍNEZ! 

De pronto, llaman a la puerta, Nicole no sabe que hacer, queda paralizada. ¿Será Ricardo? Cuándo reacciona ve a Enrique colocarse los pantalones. 
—¿Cómo se llama tu papá, cabrón?—Nicole le espeta. 
—Igual que yo. 
—Y supongo que trabaja en la misma empresa de seguros, ¿No?
—Obviamente.
—Te dije que ésto no podía seguir. ¡Maldita sea! 
—¿Qué va a pasar con nosotros, Nicole? 
Mucho antes de que ella pudiera contestar vio entrar a Ricardo por la puerta de su cuarto. ¿Cómo logró entrar? Esa preguntas tampoco pasaron por el subconsciente de ella, pues así como Ricardo llegó, comenzó su camino de vuelta, sin mirar atrás, con las lágrimas al borde del ojo. Subió a su auto y se dirigió lejos de la vida de Nicole. 
                               •••

miércoles, 24 de julio de 2013

Irreversible.

                  PARTE TRES. 
Introduzco la llave en la chapa de la puerta, Saúl no está -como de costumbre- y desganado me siento en el sillón, enciendo un cigarro y siento como, caprichosas, las lágrimas empiezan a recorrer mis mejillas «Con que así se siente la soledad, eh» Me digo a mi mismo. Sigo pensando en mi papá, en mi verdadero papá. ¿Cómo se llamará, en dónde vivirá? ¿Se acordará de mi? Tantas cosas debo reprocharle, quiero contarle lo mal que me la he pasado desde que me enteré de su existencia, quiero abrazarlo, quiero verlo. 
Algo en mi pantalón empieza a vibrar, es mi celular. 
"¿Comemos?" Pregunta Nicole. 
"Claro, paso a las cinco por ti. Beso" contesto. 
Salgo dos horas antes de lo previsto para dirigirme, de nueva cuenta, a casa de mi mamá, que muy seguramente, todavía no se recupera de lo sucedido. Toco la puerta y en cuanto Sergio abre y ve mi rostro la vuelve a cerrar. 
—¡NECESITO HABLAR CON MI MAMÁ!—Le grito. 
—Ella no quiere hablar contigo.—Me contesta. 
—¡Sólo quiero saber como se llama mi papá, carajo, tengo derecho a saberlo!—Al oír eso, mi mamá, entre llantos, sale y me lo dice. 
–Enrique, se llama Enrique. 
—¿Enrique, qué?
—Martínez—contesta, escueta. 
—¿A qué se dedica, o qué? 
—No tengo la menor idea, antes de que saliera de mi vida, sus papás le iban a heredar acciones  de los seguros AIG. Con eso tienes. 
—Gracias, mamá.—Sin recibir respuesta, cerró la puerta. 
Una vez en el restaurante junto a Nicole y después de oír otra vez sus pláticas acerca de las intensas vidas de sus amigas, decidí contarle acerca de mis propios problemas.
—Ya sé como se llama mi papá. 
—Eso sí que debe ser duro. ¿Cómo está tu mamá? 
—Mi mamá es lo de menos. 
—No digas tonterías. Entonces, ¿Qué vas a hacer? 
—Tu papá sigue teniendo contacto con el Instituto Nacional de Estadística? 
—Necesito buscar a Enrique Martínez Álvarez.—la cara de Nicole se transformó por completo.
—¿Y quién es ese? 
—Mi papá, voy a buscarlo. 


domingo, 21 de julio de 2013

Irreversible.

                       PARTE DOS. 

"Mamá, llevo 10 minutos esperando. ¿En dónde estás?" Le mando el mensaje y a los pocos minutos veo a Sergio y a ella cruzar por la puerta y les hago señas para que se acerquen a mi mesa. 
—Perdón por la tardanza, tuve que ir a hacer una cosas. 
—Sí, no hay cuidado. ¿Quieren la carta? 
—No, hijo, gracias. ¿Tú ya ordenaste? 
—No, los estaba esperando.—Llamo al mesero para que nos atienda. Nos deja el menú y cinco minutos después llega a pedirnos la orden. 
—¿Qué va a querer? 
—Un café americano, por favor.—replico. 
—Perfecto. ¿Y para la pareja? 
—Así estamos bien, gracias.—contesta Sergio.—El mesero deposita su libreta en su mandil y se marcha. 
El silencio más incómodo se apodera de la mesa y es entonces cuando llega mi café, incluso el mesero logra percibir la tensión de la mesa y se apresura en irse. 
—Bueno, ¿Qué nos trajo aquí, van a hablar o no?—rompo el silencio. 
—Veo que estás muy desesperado por saberlo, no sé por qué la insistencia pero bueno.—Mi mamá contesta, al mismo tiempo pone sus codos en la mesa y me mira fijamente a los ojos. Por su parte, Sergio, se recarga totalmente en el respaldo de su asiento.—Tu papá y yo éramos muy felices juntos, nuestro proyecto de vida estaba muy bien estructurado, al menos así lo veía yo. Nos casamos cuando ya vivíamos juntos y me embaracé de ti al poco tiempo de casados. Todas las mujeres dicen que los hombres se acobardan a la hora de tener un hijo, pero él se veía fuerte, convencido hasta que un día no me pudo acompañar a uno de los ultrasonidos, mi mamá tuvo que ir conmigo. Al regresar lo encontré en nuestra cama con otra mujer. Increíblemente me hice de la vista gorda, salí a hurtadillas de nuestras casa. Lloré, me sentí como una estúpida, después de varias horas, decidí  regresar y enfrentarlo, pues después de todo quería hacer una familia con él, pero cuando llegué al departamento, sus cosas ya no estaban, se había ido. No dejó ninguna nota, me había abandonado. Lo único que hacía salir adelante eras tú, Ricardo.—Mi mamá no pudo contener las lágrimas, Sergio sólo me veía con ojos de reproche—Espero nos perdones, sé que hicimos mal al no decirte, pero es algo que me duele muchísimo. 
Mi mamá no pudo más y fue a pagar su cuenta, ni siquiera de despidió. 
«Ahora sí estoy solo» Pensé.
                          •••
Ella le amarró la corbata y le dio el último beso antes de que él regresara al trabajo. Eran casi las tres de la tarde y debía de estar en la oficia desde hacia 30 minutos. 
«¡Wow, cuánto se puede hacer en media hora!» Pensó, ilusa. 
—No puedo esperar a verte otra vez, Nicole. 
—Esto se tiene que acabar tarde o temprano.
—Pero no quiero que se acabe, tú misma sabes que no quieres que se acabe. 
—Sabes muy bien que nos estamos equivocando, historias como estas no tienen finales felices. 
—Conozco perfectamente el lío en el que me estoy metiendo, no quiero dejarte ir.—Él le dio un beso en la frente y dejó el lugar para regresar al trabajo. 
                              •••

jueves, 18 de julio de 2013

Irreversible.

PARTE UNO.


–Ricardo, por favor, entiende, ¡REGRESA! – Esas fueron las últimas palabras que escuché de mi mamá mientras salía lleno de rabia de su casa en una tarde lluviosa. « ¿Por qué me habían ocultado algo tan importante por tanto tiempo? » Pienso mientras enciendo mi auto para dirigirme a casa de Nicole, mi novia. El camino es bastante sencillo. Hasta mi poca memoria lo recuerda. Estaciono el auto en el mismo lugar de siempre y toco el portón de su casa. Ella misma me abre y al ver su rostro no logro contenerme y comienzo a llorar.
– ¿Qué sucede, mi amor? –Me pregunta pero no logro deja de llorar.
Después de mi terrible escena en la puerta de su casa, entro a su sala y ella me prepara un café y ahí es cuando decido confesarle todo lo que me pasa.
Me volví a pelear con mi mamá
–Ay, amor, eso es normal, todos lo hacemos.
–No, Nico, es que esta vez es más serio.
– ¿Pues qué pasó? –Justo cuando iba a contarle, nos interrumpió el teléfono, su mamá había sufrido un accidente un tanto grave en su casa y necesitaba atención.
– ¿Te parece si me acompañas con mi mamá y me platicas en el trayecto?
–Sí, por supuesto. –Repliqué– Pero si tenemos que llevarla al hospital, en mi coche no van a caber, eh.
–No te apures, espero que mi papá ya haya llamado a una ambulancia.
Una vez en el auto y atrapados en el tráfico, Nicole pareció recordar el por qué de nuestro encuentro.
–Ah, ¿Qué tenías que contarme?
–Pues, mi papá no es mi papá, ese hombre al cual vi tantos años como figura paterna es sólo una pantalla, un impostor.
– ¡¿QUÉ?!
–Así como lo oyes, mi papá biológico nos abandonó y mi mamá se casó con Sergio antes de que yo naciera.
–No inventes, qué mala onda que te ocultaron algo así por tanto tiempo.
–Ya sé, no puedo creerlo, aún no lo digiero.
–Pero calma, deberías estar eternamente agradecido con Sergio, fungir con un padre que no es tuyo debe ser muy duro.
–Lo estoy, de verdad lo estoy, pero no puedo aceptar el hecho de que me hayan mentido todo este tiempo.
– ¿Y qué vas a hacer al respecto?
–No sé lo voy a pensar.
Dejé a Nicole en casa de su mamá, que al parecer se había roto el fémur, no hubo tiempo para charlar, así que decidí regresar a mi casa. 
En el trayecto no pude dejar de pensar en todo lo que había pasado, en cada alto veía a hijos cruzar la calle de la mano de sus padres, yo también fui uno de esos niños, pero yo caminaba de la mano de un extraño que me dio todo. ¿Con quién debería de estar enojado? ¿Qué debería hacer al respecto? 
Llego a mi departamento y Saúl, mi mejor amigo y compañero de casa aún no llega. «De seguro se fue de fiesta» Aún pensando en mi papá, tomo el teléfono y marco el número de la casa.
– ¿Bueno?
–Hola, Sergio. ¿Cómo estás?
–Se siente muy raro que no me digas “papá”
–Deberías acostumbrarte, sí eres como un padre para mí, pero no eres el verdadero. ¿Está mi mamá? –Sin decir una palabra, Sergio llamó a mi mamá.
– ¡Hijo, sabía que recapacitarías!
–No, mamá, sigo muy enojado. Es increíble todo esto que tú y Sergio me ocultaron. Necesito saber todo acerca de mi padre.
–No puedo, le juré que nunca ibas a saber de él.
– ¡Me importa muy poco lo que le hayas jurado, dime todo lo que sabes de mi padre si no quieres perder también un hijo!
–Es tan extenso, no puedo y no debo platicarte por teléfono.
– ¿Entonces?
–Debemos vernos mañana. ¿Te parece que nos veamos en el café que está en la esquina de la casa a las cuatro?
–Está bien, pero no quiero que Sergio esté presente.

–Sergio tiene que estar presente, es parte crucial de esto. Nos vemos mañana–Y sin más, mi mamá colgó el teléfono.