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martes, 10 de septiembre de 2013

Testigos

Hace mucho que no me detenía a oír el sonido de la lluvia. En ésta ciudad llueve sin importar la estación del año en la que nos encontremos, de modo que es extraño que hasta el día de hoy, después de pasar toda una vida en este lugar, decida oír las gotas rebotar con furia en la ventana de mi cuarto. Esta soledad me hace pensar en todas las personas que me rodean y en por qué me sigo sintiendo así si ellas no se han ido a ningún lado.


Caminando por la calle me siento perdido, siento que riachuelos de aguas diáfanas me llevan en su caudal en donde todo se convertirá en nada. No quiero convertirme en nada, no quiero dejar este lugar, no quiero ayuda, no quiero estar con nadie y mucho menos quiero a alguien, sólo quiero estar aquí todo el día recordando el día que la vi por última vez, balanceándose entre los estantes de libros. Viéndolos con sigilo y alzando la mirada para ver si alguien estaba observándola.   Fue ahí cuando crucé mirada con esos ojos color café por un instante, fue  sólo un momento en el que nos miramos e intercambiamos pensamientos y una sonrisa, después todo se convirtió en un juego de persecución, ambos nos estábamos retando para ver quien era el primero que se acercaba al otro. Los libros eran los únicos testigos de este extraño cortejo entre los dos, nadie más en ese lugar sentía lo que ambos sentíamos en ese instante y fue ahí, enfrente de la sección de “Autores Iberoamericanos” en donde después de hablar por medio de miradas que nos encontramos de frente y sin más preámbulos, ante la mirada de Cortázar y Fuentes, decidimos fundirnos en un beso, un beso digno de la prosa de García Márquez y de la exquisitez de Borges. Así es como las grandes cosas suceden, basta con estar sentado oyendo la lluvia para recordarlo o vivirlo.   

lunes, 6 de mayo de 2013

Paseo Inmoral.

Uno, dos, tres vodkas pasan por mi tráquea sin problema, el cuarto ya empieza a raspar y el quinto ya hace eco en mis sentidos. ¿Cuánto tiempo llevo aquí, quiénes son estos extraños y por qué carajos los llamo amigos? A lo lejos veo a la chica de mis sueños besarse con el chico de sus sueños, todos parecen encajar con alguien menos yo. Me siento en la barra y le hago señas al cantinero, le pido 4 más y a la hora de cobrar la cuenta le muestro mi gafete, mi papá es el dueño del lugar y a mi no me cobran las bebidas. Me sirven y le hablo a Pato, mi mejor amigo, para que me acompañe con un shot. Ya ni siquiera lo siento. Decido regresar al baño para, de una vez por todas, entrar en calor y armar el desmadre. Con un sólo movimiento de cabeza le digo a mi escolta que me espere afuera del baño, es el de hombres y casi no hay nadie, todas las puertas están abiertas y los inodoros están repletos de vómito, «Vaya fiesta» Pienso.
Extraigo de mi bolsa un sobre con polvo y con cuidado pongo un poco en el lavabo.
«Llegó la hora de darnos en la madre. » Con mi gafete armo una línea y sin pensarlo dos veces inhalo con fuerza. Inmediatamente siento la descarga de adrenalina y me empieza a doler todo el cuerpo. Es hora de comenzar.
Salgo y ahora toda esa gente tan ajena me parece tan cercana, después de unas líneas todos somos amigos. El beat de la música hace retumbar cada parte de mi cuerpo, comienzo a bailar.
Flashbang comienza a sonar y de pronto todo el mundo se empieza a juntar, se me pega una muchacha no muy alta pero no muy chaparra, lo único que percibo es su olor a fresa, mis sentidos no están en su mejor momento así que decido seguir bailando y continuar acercándome. Mis brazos empiezan a dar un alargue extra y ahora mis manos se encuentran en su vientre, ella no se inmuta, continúo acercándome y pongo mi boca en su cuello, lo beso, parece gustarle. De pronto, me toma de la mano y me lleva a otro lugar, vuelvo a hacerle señas a mi escolta y le digo a mi bella acompañante.
—Ven, vamos a un lugar más privado— No recibo respuesta, pero su cuerpo viene conmigo.
Nos vamos directo a los baños de los empleados, hago que cierren la puerta y ahí es cuando logro ver, a contra luz, su rostro. No sé de qué color son sus ojos, ni distingo su color de piel, pero aún así me abalanzo sobre ella y la beso en los labios y comienzo a desabrochar su pantalón y a quitarle la blusa. « ¿Cómo es posible que alguien tan hermosa no se sienta como tal y esté aquí, regalándose al mejor postor? » Reflexiono pero eso no me detiene y continúo explorando su cuerpo. Ella comienza a quitarme el cinturón y se encarga meticulosamente de cada uno de los botones de mi camisa. Me dejo llevar por el momento y sigo mi paseo por su ser. La tomo de la cintura y la siento en una especie de mesa, mi boca transita por los lugares más recónditos de su cuerpo, escucho sus jadeos y paseo por su sexo, un paseo inmoral, ella me pide más de modo que procedo a quitarle lo que le queda de ropa. Me toma del pelo y me pone en su pecho, sus muslos me aprietan como se aprieta a algo que no se quiere dejar ir nunca.
— ¿Traes condón? — me pregunta con las palabras ahogadas en gemidos y respiraciones a destiempo.
— Sí—Miento. Esto parece nunca terminar, no quiero que termine.
De pronto, siento como algo atraviesa mi pecho, siento verdaderamente la sangre hervir, decido tomarme el pecho, me encuentro con borbotones de sangre que emanan de él, volteo a ver a la chica que ahora me observa con un ceño coqueto y retador, me ha tendido una trampa. Caigo al piso y lo último que veo es como vuelve a colocarse su ropa interior y se alista para dejar el lugar. ¿Dónde carajos está mi escolta? Mi vista se empieza a nublar, no puedo ni siquiera gritar. Me parece ver a Pato entrar, lo escucho pedir ayuda desesperadamente pero es demasiado tarde, la fiesta se ha terminado.

miércoles, 3 de abril de 2013

Natalia

Para poder disfrutar el texto completamente es necesario que lo leas con la música que seleccioné para éste. La canción no tiene letra, así que deberás empezar a leer a los 40 segundos de iniciada la pieza. Que lo disfrutes.




Te despiertas a las 3:33am, gritando pues la pesadilla era tan fuerte que ella misma te expulsó del sueño. Estás sudando y decides levantar tu tronco y quedarte en la oscuridad escuchando tus pensamientos, pues a esa hora parecen oírse más claros.
Comienzas a llorar y decides poner música en tu iPod para distraerte, pero el aleatorio no ayuda.
—¿Por qué te fuiste?—Piensas y sin importar la hora, la llamas, pero la llamada entra al buzón.
Continúas expectante en tu habitación hasta que el ocio te vence y prendes un cigarro y vuelves a llamarla obteniendo el mismo resultado. Te hartas y avientas el celular lo más lejos posible.
—¿¡Por qué me hiciste esto, Natalia?!—Susurras mientras tu voz se quiebra—¿¡POR QUÉ!?

4:44am y tú sigues sin poder conciliar el sueño, ni parar de llorar, todo el mundo parece demasiado desinteresado en tus problemas que decides empezar a golpear la pared de la impotencia, tus nudillos sangran pero no sientes dolor alguno. A lo lejos escuchas algo sonar, es tu celular que está en algún lugar de tu habitación, buscas entre las sábanas hasta que lo encuentras.
«¿Qué clase de persona llama a éstas horas, por Dios?» Piensas molesto, mientras ves la pantalla de tu celular. Es ella. Entras en pánico, pero es un vago instinto el que te hace contestar.
—¿Bueno?
—Te extraño.
—Yo también...
Por un instante puedes verla, sentirla, tocarla, puedes oír su voz, besarla, pero ese instante se esfuma en cuanto ella cuelga el teléfono sin razón aparente. Destrozado, te recuestas en tu cama y te das cuenta que ella ya se ido, Natalia te ha olvidado y ya no queda nada por hacer.

viernes, 29 de marzo de 2013

Americano, por favor.

Una pareja en un café de Polanco está charlando sobre su futuro, un futuro incierto. Los veo y escucho su conversación involuntariamente, ya me han pasado muchas cosas hoy y estoy aquí sentado tratando de buscar una respuesta, un por qué de todas las cosas que habían pasado, supongo que escucharlos no me vendría mal, no me aportaría nada, pero tampoco me quitaría. Me siento, prendo mi cuarto cigarro en un hora, tomo asiento en la mesa contigua a ellos y con mi café americano decido oírlos.
No parecen ser extraños o nuevos conocidos, se hablan con mucha confianza, confianza de amigos.
—Me gustas. —le dice el muchacho con una gran confianza.
La chica de cabello castaño no parece sorprendida.
—Pero ¿Por qué? Llevo años de conocerte y me vienes a decir esto hasta ahora.
—Quizás este es el momento indicado, me fije en ti hasta ahora porque era el momento.
—Eres mi mejor amigo, te considero mi hermano. Esto no puede ser ¿A dónde iremos cuando todo termine, Qué haremos?
El miedo de ella es normal, el miedo a lo desconocido que tiene todo el mundo. Parece que la conversación no irá a más, no creo que ella cambie su postura.
—Necesito a alguien como tú en mi vida, alguien que me ayude a sortear mis problemas. Necesito una guía.
—No sé, Daniel, tengo miedo.
—¿Miedo de que no funcione?
—No, miedo a enamorarme de ti, de tu forma de hablar, de escribir, de vestir. Que todas esas cosas que siempre me han gustado de ti, que hagan eco en mi y deje de verte como mi mejor amigo y pase a verte como mi pareja, mi novio.
—Ven conmigo, Andrea, te invito a explorar mi mundo desde más cerca, a conocerme desde otra perspectiva.
—¿Y si cuando me conozcas mejor te arrepientes? ¿Y si en realidad no soy lo que crees?
—Llevo suficiente tiempo escuchándote, viéndote ¡Claro que lo eres!
De pronto, los inundó un silencio, de esos silencios entre dos personas que temen a ser queridos, un silencio terrible que, en cuestión de segundos -que parecen horas- Daniel rompe.
—Te juro que después pensarlo a fondo, lo único que necesito en mi vida es a ti, que seas una parte todavía más importante. Te necesito para ser feliz. Dame una oportunidad.
Andrea se sonroja, no puede siquiera verlo a los ojos, después de tremenda confesión lo único que su lenguaje corporal deja ver es un "sí, quiero estar contigo" que evidentemente sólo yo como espectador puedo lograr ver. Andrea se disculpa y va al baño. Él trata de encontrar un distractor que lo calme, parece ser que las confesiones no terminan ahí. Después de esperar lo que parece una eternidad, ella regresa y se sienta, veo determinación en su mirada.
—¿Y si destrozo tu corazón? ¿Y si me dejas de importar tanto? Sabes perfectamente como soy, cuantos chavos han estado conmigo y se han rendido argumentando que soy muy fría en las relaciones. Daniel, no sé ni siquiera quien soy, mucho menos sé expresar mis sentimientos hacia alguien.
—Eres todo lo que necesito.
Después de éstas palabras, a la chica se le empezaron a llenar los ojos de lágrimas. Él sostuvo sus manos en las suyas y se fundieron en un hermoso beso.
—Gracias.—Dijo ella viéndolo a los ojos, entregándose por completo y depositando toda su confianza en él.
Ambos pidieron la cuenta y se marcharon. 16 minutos después y muy sorprendido de lo que acababa de ver, apague el quinto cigarro de la tarde, pague mi café y dejé el lugar.

martes, 26 de marzo de 2013

Apúrate, estamos soñando.

Salía de sus clases al toque sólo para contemplarla desde el balcón que daba al patio principal del colegio, era la mujer perfecta. Cada que sentía su presencia no paraba de sudar, signo inequívoco del enamoramiento involuntario e inocente.
Daniel no dejaba de pensar en Natalia ni un solo día, vivía por ella y para ella, no sabía que hacer con todo el amor que se le desbordaba. Él aquí con ganas de encerrarla en su inestable universo y ella allá formando galaxias con tan sólo sonreír.
El fin de año se acercaba y Daniel seguía haciendo lo mismo...contemplar a Natalia, hasta que esta decidió faltar una semana entera, Daniel entró en pánico y decidió relatar en una carta todos sus sentimientos hacia Natalia, estaba decidido a dársela a su retorno y así fue como a la hora de la salida de un Miércoles, Daniel salió corriendo de su salón para interceptarla en el estacionamiento, ahí la vio con Fernando, su compañero de banca, creyó que sólo eran amigos hasta que los vio besarse, su corazón se partió en mil pedazos y lo único que hizo fue salir corriendo del recinto con dirección a su casa. Toda la tarde no paró de llorar.
Al día siguiente, al salir a un receso, Daniel se percató que Natalia se encontraba afuera de su salón, se puso muy nervioso, pero aún así hizo lo posible por pasar desapercibido cuando de pronto sintió una mano en su hombro, era ella, se paralizo por completo al verla a los ojos.
—Creo que esto te pertenece—Dijo Natalia, dándole en propia mano la carta que él le había escrito—Jamás alguien me había escrito cosas tan hermosas, muchísimas gracias.
Daniel no supo que contestar, cuando se percato que Natalia no paraba de ver sus labios y acercarse cada vez más a él
—¿Y tú y yo nos hemos encontrado en cada vida?—Preguntó Daniel.
—Ojalá fuera así de fácil, te busco en cada vida, pero no siempre te encuentro y cuando te encuentro, a veces es demasiado tarde.
Ambos se quedaron viendo fijamente, el mundo no seguía su curso, Daniel decidió tomar la iniciativa y acercar lentamente sus labios hacia los de ella.
—Apúrate, estamos soñando—Le susurró.

lunes, 11 de marzo de 2013

Concierto

Para poder disfrutar el texto completamente es necesario que lo leas con la música que seleccioné para éste. Recuerda comenzar a leer cuando la letra de la canción comience. Que lo disfrutes.



Rebasas por la derecha, la aguja del velocímetro sube y no deja de subir, entras a un Viaducto no tan embotellado, de inmediato tomas carril de alta y sigues aumentando la velocidad de tu auto. Sabes que vas a tarde y que la banda de tus sueños se presentará en menos de una hora, no hay tiempo que perder. Te aproximas al recinto, el tráfico empieza a aparecer, te desesperas y dejas el coche en la calle para comenzar a correr. Llegas 5 minutos antes de que la banda telonera termine su aparición. Tu boleto es de general y entonces abrirte paso entre la gente será aún más difícil, pero comienzas a empujar a las personas para llegar lo más cerca posible del escenario. Pasan 15 minutos y no has podido avanzar 50 metros, pero no te rindes, sigues empujando sin importar las groserías y los golpes que recibes de los demás. Estás a 10 metros de la barrera que divide al escenario con la gente, te sientes demasiado feliz, quieres seguir avanzando cuando de pronto las luces del lugar se apagan, el concierto está por empezar y tu ya no puedes avanzar más porque la gente se empieza a juntar en la centro. Te sientes frustrado hasta que sale la banda y empiezas a brincar, a gritar, a gozar. Coreas todas las canciones del grupo, la euforia corre por tus venas, cuando de pronto sientes como una mano sujeta la tuya y ahí en medio de la oscuridad tratas de ver de quien se trata, alzas la vista y la ves, cabello que parece castaño y ojos hermosos. Te dirige unas palabras que no escuchas y cuando caes en la cuenta ella se encuentra enfrente de ti y tu la tienes sujeta de la cintura, ambos cantan al unísono. La canción más esperada de la noche llega y ella toma tu mejilla y te dice al oído que la cargues. No lo piensas dos veces y las subes en tus hombros y empiezan la disfrutar de la pieza, sientes que el mundo se detiene durante los 3 minutos que dura la canción. «esto es vida» piensas y entre aplausos la canción termina, ella desciende de tus hombros y sin más preámbulos te besa, beso que parece durar una eternidad, es la noche perfecta, es la chica perfecta. De pronto, una ola de personas se aproxima al lugar en donde te encuentras y su mano te suelta, asustado, alzas la cabeza y ahí la ves alejarse, tratas de gritarle pero es inútil, ni siquiera sabes su nombre, intentas ir a donde se encuentra ella, pero una barrera humana te impide el paso. Estas resignado, el tiempo se va como el agua y no logras disfrutar la última canción de concierto. Entre gritos y llantos, las luces del recinto se encienden y la gente comienza su camino a la salida, el concierto ha terminado.

martes, 18 de diciembre de 2012

Vegas

Es increíble lo que un poco de anonimato puede hacer. Me gusta creer que todo el mundo tiene uno de esos momentos que perdonamos como experimentos universitarios. La mayor parte de ellos suceden en la universidad, pero todos tenemos alguno ¿No es así?
Habíamos acabado ya nuestros estudios de Periodismo, teníamos dinero y éramos jóvenes, así fue como Carter -el más adinerado de todos- me propuso un viaje a Las Vegas, nos quedaríamos en un hotel modesto, pues sólo lo necesitábamos para dormir -si es que dormíamos- y para bañarnos.
Éramos Cárter y yo. Él era más experimentado y también más grande. Así, el Jueves vaciamos nuestras cuentas de banco y nos dirigimos a la ciudad de las luces de neón. Sólo estaríamos la noche del viernes y regresaríamos el Sábado en la tarde.
Estábamos recién graduados, lo único que queríamos, aparte de emborracharnos y acostarnos con una extraña, era salir de nuestra zona de confort para poder narrar algo, mandarlo a un periódico y obtener un buen trabajo.
Llegamos al modesto hotel, cuyo nombre no recuerdo, al llegar lo primer que hicimos fue ponernos ropa elegante e ir a los mejores Casinos de la Avenida Principal a apostar el dinero de nuestros padres, pero ni un solo centavo era nuestro.
Pasamos al Caesars, al MGM, al Casino Royal, al Monte Carlo, al París Las Vegas, al Fontainebleau, en cada lugar botando nuestro dinero entre apuestas y bebidas. Al ver que las bebidas aumentaban y el dinero disminuía considerablemente, Carter, el más sobrio hasta el momento, me dijo que saliéramos de ahí. Obedecí.
Ahí estaba, la diversión apenas comienza, y ahora nos encontrábamos borrachos, con más de la mitad de los fondos gastados y caminando por la Avenida Principal. Era bastante difícil diferenciar entre los sonidos de los autos y la música de los antros, había uno diferente a cada paso, todos tenían música distinta, seguimos caminando.
Habíamos perdido ya la mayoría de nuestro dinero, pero el morbo por conocer un cabaret y disfrutar de las mujeres estaba latente. Así fue como entramos a un lugar que no se veía tan caro, pero tampoco acabado, su nombre, Victrola. A la entrada decidimos dar todo el dinero que fuera necesario para obtener los mejores lugares , yo no di todo, pues quería algo un poco más privado con las bailarinas. 
El dinero recaudado nos dio unos lugares majestuosos, empezamos a ver a las mujeres. 
Después de 40 minutos comenzamos a hablar de cada bailarina, comparando las que pensábamos que eran las más sexys, francamente, todas lo eran, pero yo tenía mi favorita. Carter era reacio a confesar que también lo era para él, pero después de muchas discusiones, se derrumbó y admitió que le gustaba la muchacha alta con piel de color moca. 
Al terminar el baile, Carter le hizo una seña a la muchacha, ella vino al instante, él le susurró algo al oído. 
—Dame tu dinero Me dijo. Le dí todo lo que traía en mis bolsillos. 
La muchacha se levantó y nos metió a un lugar detrás del escenario, había muchas cortinas rojas, entramos. Carter se fue con otra bailarina a otro lugar. 
Al entrar había un sillón color marrón, al sentarme sentí que podía hundirme. La mujer no perdió un sólo segundo y se abalanzó sobre mi. 
Ella dio una vuelta completa, moviéndose a un lado y me alcanzó a través de su regazo, moviendo sus manos al rededor de mi pantalón. Me reí, pero ella se movió otra vez y de repente capturó mi boca con la suya. El beso era tan suave, tan húmedo, tan sensual. Un infierno rugió dentro de mi, disolviendo cualquier pensamiento o razonamiento. La luz del cuarto me cegaba, ella movía sus caderas al ritmo de la música, millones de preguntas pasaban por mi mente mientras su hermoso cuerpo se encontraba encima del mío, moviéndose de atrás hacia adelante, de adelante hacía adelante. El erotismo del momento consumió la última de mis inhibiciones y me entregué a ello. Meneándome a un lado, me las arreglé para quitarme la ropa, alejándola de nosotros para quedar desnudo como ella, por fin. De pronto la luz del cuarto se torna color morado al mismo tiempo que ella aumenta el ritmo y el sonido del sillón embonaba perfecto sus jadeos. Ella parecía incansable, pero ¿Cómo podría decirle que no? Habíamos ido ya muy lejos en esto. Eran las Vegas después de todo. Su cuerpo se sentía tan bien contra el mío, resbaladizo por nuestro sudor, suave y deslizando piel contra piel. 
Una cosa era admirar a una mujer sexy y otra tenerla deslizándose a través de ti...desnuda.  La intensidad del clímax se duplicó por el surrealismo que estábamos sintiendo. 
Se levantó, recogió sus cosas y se fue, después de todo sólo era un trabajo más. Me levanté incrédulo, tomé mis cosas y me dirigí al hotel para tratar de dormir. Carter y yo regresamos en la tarde del día siguiente, le conté lo acontecido con la bailarina.  
A partir de aquella noche, cada que oíamos o veíamos algo sobre Las Vegas no podíamos evitar acordarnos de aquél desenfreno nocturno y soltar alguna carcajada un tanto nerviosa. 
Nunca olvidaríamos lo que fue aquella noche en Las Vegas.  

sábado, 10 de noviembre de 2012

Rojo

                      Para Carla, como siempre. 



¿Qué hay detrás de esa mirada, esos gestos, esos labios, de esos cabellos rojos?
Cabello chino y rojo que puede enredarte y no soltarte jamás.
Pequeños ojos que logran hipnotizarte tanto como las diversas muecas que con estos puede hacer.
Su tono de piel casi pálido combina perfecto con las pecas de sus mejillas, pecas que he tratado de contar pero me encuentro con un hermoso rostro, con unos labios muy delgados color rosa que, a decir verdad, más de una vez me han dado ganas de besar.
Tu risa trabada, tus manos pequeñas, tu voz tibia, tu color de piel blanco que se torna rojo con el sol.
Tu afición por las series, las corbatas de moño, los suéteres de rombos, los libros, la ropa de marca, los zapatos. Cada una de las cosas que te hacen única e irrepetible, son las que hacen que al verte me hagan pensar: ¡Qué hermosa eres!
No importa si estás caminando por la banqueta, sentada tomando café, si tienes vestido y tacones o pijama y pantuflas. Eres tú y tú color rojo...el que me enamora cada vez más al verte.

No lo vuelvo a hacer.

Me despertó el penetrante olor de un cigarro mal apagado y un terrible dolor de cabeza, me levanté más por instinto que por voluntad, me senté a la orilla de la cama y mire al rededor. A mis pies había envolturas de condones, había cabellos de mujer en mi almohada y olor de perfume combinado con alcohol en el ambiente. ¿Con quien habrá sido? ¿La pelirroja, la rubia, la de escote pronunciado, la de minifalda? De pronto todas parecían ser la misma persona. ¿CON QUIÉN FUE?
Corrí a la sala en busca de mi teléfono, al abrir la puerta encontré un camino de ropa en el piso, sólo estaba la mía. Se había ido. Fragmentos de la noche pasada atravesaban mi cabeza, me preparé un café, me puse algo de ropa y me senté en el sillón. Había en total 23 colillas de cigarro en el cenicero y 7 botellas; 3 de vodka, 2 de tequila y 2 de whisky, todas vacías. Era evidente que había sido una borrachera impresionante, ¿Pero cómo llegamos a mi casa, en dónde la conocí?
Busque en mi pantalón y en mi camisa tratando de encontrar un indicio y encontré un ticket de un restaurante ubicado en la condesa, detrás del ticket se encontraba un número de telefónico y una hora, las 23:39.
Me terminé mi café y cogí el teléfono para llamarle a mi mejor amigo, él me relató que fuimos a ese restaurante y después nos dirigimos a un antro, pero que me fui muy temprano argumentando problemas familiares. ¿Y después qué? Estaba con la mitad del rompecabezas resuelto. Regrese a mi cuarto en busca de respuestas, quite las sabanas pero no encontré nada. Encontré mi celular debajo de la cama, tenía el 10% de batería, lo desbloquee y comencé a ver las fotos. Ahí estaba la respuesta. No era la rubia, no era la de escote pronunciado, ni la de minifalda, mucho menos la pelirroja. Reí nervioso. Se trataba ni más ni menos de mi mejor amiga, en mi celular había vídeos y miles de fotos de lo ocurrido. Comenzó a sonar el teléfono, corrí a la sala para contestar.
—¿Sí? Contesté.
—¿Rodrigo? Preguntó una voz aguda y tímida, en efecto, era ella.
Al oír su voz sólo una expresión pasaba por mi cabeza:
No lo vuelvo a hacer.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Universitario.

Él era periodista, ella estaba por terminar su carrera en ingeniería civil. Ambos corrían por la Av. Insurgentes Sur, él traía el periódico del día y ella unos planos. Sin fijarse, abordaron el Metrobús de Nuevo León al mismo tiempo y por la misma puerta, ambos hicieron el típico contacto visual del Transporte Público, o sea, un sutil escaneo de la persona que se encuentra enfrente.
Él alcanza a ver en su porta planos una calcomanía de los Pumas y ahí empieza la plática.
—¿Eres universitaria? Preguntó él
—¡Claro! ¿Te refieres a que si estudio en C.U, cierto?
—Así es, es que yo también estudio ahí.
¿Qué tanto le puede importar a un escritor las cosas de una ingeniera y viceversa?
Quizás era el basto léxico de él o la entrega y pasión de ella, lo importante es que él se encontraba seducido por ella tanto como ella por él.
Bajaron en la estación Ciudad Universitaria, él caminaría a su facultad, ella esperaría el PumaBus. ¿Eran el uno para el otro? Quizás tú creas que sí, que el periodismo se complementa perfectamente con la ingeniería, pero el escritor y la ingeniera indirectamente sabían era que sus mundos estaban inmensamente distantes del otro y a sí mismo, no encajaban el uno en el otro.
Ella abordo el PumaBus, él camino y en punto de las 8:00am llegaron a sus respectivas facultades para continuar con su realidad.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Comercial

—¿Qué haces aquí?
—Lo mismo que tú, comprando.
—Solíamos comprar aquí, ¿Recuerdas?
—¡Claro que lo recuerdo!
—Bueno, que estés bien, ojalá nos veamos...pronto.

Ella salió de ahí y se dirigió a otra parte del centro comercial y se vio con su novio 30 minutos después.
Por su parte, él, él comprobó que las más grandes palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada y siguiendo las prescripciones de la moral en turno, se recetó tiempo, abstinencia, soledad.
Siguió su camino con la seguridad de que tarde que temprano encontraría a una mujer que lo quisiera tanto como el la querría a ella, serían felices un tiempo indeterminado pues era consiente que a sus 23 años el "por siempre" era sólo una utopía. Dobló en la siguiente esquina, seguía maquinando pensamientos inimaginables, pensando, pensando en ella, esa persona que lo haría feliz y decidió dejar de hacerlo y enfrentar la balacera que es la vida de frente y esperar pacientemente a la persona indicada. ¿Qué otra cosa puede hacer?

jueves, 4 de octubre de 2012

La cartera.

Caminar es algo relajante, al menos así pensaba él.
Amaba caminar por las bellas calles de la colonia Condesa cuando en una tarde de otoño se encontró con ella. Sus pantalones rojos combinaban perfecto con la calle y las abundantes hojas secas que el otoño tiraba al piso. Caminaba por la Calle Alfonso Reyes cuando ella tiró su cartera, no pasaron más de 10 minutos cuando él la recogió, la abrió y vio que le pertenecía a la chica del pantalón rojo que acaba de ver, guardo la cartera en su bolsillo y siguió caminando con la esperanza de encontrarla para regresarle su cartera. No la encontró.

Llego a su departamento, saco la cartera y empezó a ver que había en ella. Había de todo, boletos del cine, tickets, monedas de otros países y escasos $50; saco de uno de los compartimentos su credencial de elector, apuntó la dirección y al día siguiente salió a buscarla.
Así fue como llego a un departamento aledaño al Parque España, toco el timbre y ella atendió la puerta.
—¿Diga?
—Hola, vengo a entregarle su cartera, la encontré tirada en la Condesa.
—¡Muchísimas gracias! ¿Gustas pasar a tomar algo?

Así empezó una larga charla, sus nombres eran lo de menos, él era admirador Cid Campeador y ella tenía el nombre de la esposa de aquel mítico héroe español. Ambos, al verse, pesaban sólo en una cosa...

"Es el indicado", por parte de ella, y evidentemente, "Es la indicada" por parte de él.

domingo, 20 de mayo de 2012

Como todos...-


Era un lugar tranquilo, lleno de gente, chicos, grandes, muy grandes, había niños, niñas, hombres, mujeres, ancianos. Era una tarde de Sábado, eran aproximadamente las 2:30pm, muchos trabajaban medio día, otros no trabajaban, muchas parejas se reunían ahí para pasar la tarde entera juntos, pero había algo en la mirada de ese joven sentado en esa banca que llamaba la atención, tenía los ojos clavados en el pavimento, sólo veía los pies de las personas pasar, tenía la mente en blanco. Del otro lado del lugar había una chica haciendo lo mismo, los dos parecían estar pensando en alguien, alguien que por su seño, les había hecho algo, quizás bueno, quizás malo, lo único seguro es que estaban pensando en ese alguien.
Repentinamente el joven se levanto de la banca y empezó a caminar, su cuerpo se movía pero su miraba no cambiaba, seguía fija en el pavimento, parecía un fantasma, pues podía caminar entre la gente sin verla y sin chocar con ellas, él no tenía rumbo fijo, sólo caminaba por el lugar. Llegó a una banca, se sentó, y la vio a su lado, era ella, la chica que, al igual que él, estaba sentada viendo al pavimento, a diferencia de las otras personas que se habían sentado a su lado, tuvo la molestia de preguntar:

-Hola, ¿Qué te sucede, estás bien? Te noto algo dispersa. Ella, cortante, como era su costumbre, contesto; Todo está en orden, gracias por preguntar.

Ante la agria respuesta, el joven decidió no preguntar más, volvió a su habitual posición y dejó a la chica en lo suyo.
El tiempo seguía transcurriendo, las personas seguían vagando, pero el éste parecía no pasar por la banca, pues los dos jóvenes no cambiaban su posición, ambos viendo fijo al pavimento.  Inesperadamente, la chica volteo a ver al chico sin que este se diera cuenta, al ver que este estaba en la misma posición que ella, decidió preguntarle:

-¿Y tú qué tienes? Parece que hay algo mal por ahí. Fiel a su costumbre, platicadora, el joven empezó a contarle todo lo que pasaba por su cabeza, pues en ella se encontraban los más bellos pensamientos hacia una mujer de la cual estaba enamorado desde hacía mucho tiempo, pero él no se atrevía a expresarle sus sentimientos. Atónita, la chica no tuvo mejor respuesta para él más que un insípido “Espero que todo se resuelva pronto, nadie puede estar guardando sentimientos tan profundos por tanto tiempo” Inteligentemente, el joven empezó a platicar con la chica, hablaron de sus respectivas escuelas, él tenía 15, ella 16 y lo único que los conectaba era su inexpresable afición por ir a ese parque a sentarse en una banca y pensar, lo más insólito era que los dos acostumbraban pensar de la misma manera, con la mirada fija al piso. Dieron las 4:30pm y la chica recordó que tenía cosas por hacer en su casa, que quedaba a 4 cuadras del lugar, se disculpó con el joven, le dio un beso en la mejilla y le susurró al oído “me dio gusto encontrarte aquí, en mi lugar favorito, ojalá nos veamos otro día” el joven se despidió, él no dijo nada, sólo la vio a alejarse, luego volvió a su posición habitual. Él no le pidió a ella su nombre, ni su número telefónico, las únicas referencias que tenía eran su edad y su dirección, la cual no llegaban más allá de un “vivo a 4 cuadras de ahí” que no le decía mucho, lo que hizo que ese inesperado encuentro, se transformara en un encuentro casual…como todos.